sábado, 5 de junio de 2010

OTTO, mi auto increíble...


Fue un lunes 6 de Enero de 2004 a las 20:00hrs, fecha especial llena de magia para los niños y para todo aquel que reciba regalos y quiera creerlo así. Te vas a reír de mí por cursi, pero fui por él totalmente emocionada a la agencia, me arreglé y peiné diferente, ese día “Otto”, mi primer auto en la vida al fin sería mío.
Debo confesarles que, escasamente un mes antes, tomé un curso de manejo en sábado y domingo y en horario estratégico por la “Escuela de manejo” de 7:00am a 9:00am para aprender a conocer un auto, conducirlo, estacionarlo sin causar daños, y por supuesto, liberar la tensión desde el estómago con un florido lenguaje mexicano, de otra manera ese curso hubiera sido incompleto. (Lo que si no recuerdo, es que me hubieran enseñado el reglamento de tránsito...)

La agencia de la Volkswagen sobre División del Norte y Eje 7, me vió escoltada por el Sr. Raúl Avilés, el mecánico que atendía a toda la familia por años y felices marcas, así que “Otto” estuvo bien apadrinado.
El vendedor de la VW de camisa blanca y corbata negra, bien arremangado, se acercó a mí apresurado, jadeando: - ¡Buenas noches, Srita. García, solo lo están lavando y listo, ya se lo traen! Yo, toda ecuánime le contesté: - No, no hay problema, yo espero… pero para mis adentros suplicaba: -¡ay, yaaaaa, que no se tarden, ya quiero verlo! Pasaron como 100 años, de repente lo reconocí a ciertos metros todo guapo con sus luces pispiretas, venía andando hacía mí despacito, y el corazón me latía a ritmo brasileño. Olía a nuevo por todos sus rincones, ¡estaba para concurso de belleza y estoy segura que hubiera ganado!

Era una noche de Enero oscura y empezó a lloviznar, pero no me importó. A un lado de la agencia había una gasolinera, portaba en mis manos 250 pesos en billetes y contenta pedí al despachador que llenara el tanque ¡y me sentí millonaria! El Sr. Raúl iba de copiloto… olvidé comentarle que mi único curso de manejo habían sido aquel fin de semana mañanero fresco, vacío y silencioso. De tanta emoción, ¡¡¡¡¡¡olvidé que no sabía manejar!!!!!!

Muchas veces creo que “Otto” tiene sentimientos, estos 6 años se ha portado leal como un corsel con su caballero (osea, yo) ha sido bravo y fuerte en las adversidades, no le ha temido a los trancazos o al hambre, no lo ha intimidado el tránsito pesado, la densidad del humo repentino, ni los encharcamientos o inundaciones… o dormir en la calle. ¡De veras que merece un premio! es más, su segundo nombre debería ser: “Rocinante”, ¡cuántas aventuras hemos vivido juntos!.

“Otto” ya es un adulto, casi 6 años, estoy convencida que le cuentan como a los gatos, 7 años por año... ¡casi somos de la misma edad! Con razón me entiende.
Me ha aguantado en las buenas, en las malas y en las peores…en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad… Hasta cierto modo, en ocasiones lo veo medio flaco y ojeroso, en cambio cuando era joven era feliz llevándome en las alas del viento, me pedía más velocidad… ¡era como un pegaso!. Juntos hemos visto muchos amaneceres y atardeceres; en algunas “jarras” -no te sorprenderá- pero le tocó ser el conductor resignado, juro que él me llevó a mi destino en muchas ocasiones, y lo digo con pena, no me enorgullezco. “Otto” ha cantado horas enteras conmigo, ha estado cuando he tenido el corazón lleno de música y alegría, en cóleras olímpicas, pero también en absoluta tristeza… Le agradezco al Cielo que en ocasiones me hizo sentir como un piloto del "grand prix" por el circuito y el periférico, ¡su gasolina era mi adrenalina! jaa... Me hizo entender que no importaba el linaje, la carrocería, ni el lujo de los interiores, sino el motor del corazón, podía arrebatar lo que fuera porque nos sobraban agallas y eso bastaba. Era joven, el mundo era suyo y me lo puso en bandeja de plata.

Ha sido suficiente darle las gracias y palmaditas en el cuello a este corsel, dejarlo descansar para reponer energía y seguir camino para la siguiente jornada. Está llegando su hora, solo quise platicarles un poco de él…

Betina.

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