martes, 17 de enero de 2012

Betinois














L os vinos son como las personas: jóvenes fuertes, añejos amables, dulces, otros aún más dulces, secos, burbujeantes y festivos, tranquilos, elegantes, aromáticos, accesibles, caros, vinos para ocasiones muy especiales, de esos que nunca se olvidan.
No podemos decidir cual es el favorito porque cada uno es diferente.

El tinto que siempre está presente para realzar la buena mesa facilitando la conversación y en consecuencia la negociación bajo los efectos de cereza negra, madera, clavo, chocolate, regaliz. Vinos tintos ácidos casi ásperos, poco necesarios a nuestro gusto, pero bien asimilados hace digerible lo que no creíamos posible. Vinos relajantes, excitantes, compañeros nocturnos, de los que jamás nos podríamos cansar. Los europeos lo apetecen más en invierno por las calorías que proporcionan. ¿Será por ello que buscan vacacionar en lugares cálidos?

El vino blanco es como el anfitrión sonriente y refrescante, organiza celebraciones de todo y por nada durante la primavera y el verano. Sociable por excelencia, se mezcla con todas las frutas, aromas y sabores, no le importa, él sigue siendo la base de todos y lo sabe. Tiene una prima francesa glamorosa, deliciosa, deseable a más no poder en todos los círculos y a todos encanta: la champagne. Las divas, que con sobrado esfuerzo, copian su pajizo tono para colorearse el cabello no consiguen las brillantes estrellas que el monje Dom Perignon bebió cuando la descubrió.
Los vinos dulces color ámbar son como aquellos que nos deleitan e introducen a tantas nuevas experiencias de una manera suave y tranquila.

Si la vida puede ser en rosa, el vino también. Es algo complejo, ya que es la combinación bien estudiada de la frescura del blanco con matices tintos sofisticados, un buen porcentaje de ambas partes para entender y disfrutar nacionalidades tan extraordinarias como la mexicana o la tailandesa, que en su cocina tienen proteína animal de todo tipo, cocción de especies aromáticas que invaden los sentidos, sabores de frutos secos, frescor de verduras a disposición con notas florales y frutales. Solo un profesional rosée puede lograrlo sin inhibiciones.

Los vinos como la gente, provienen de diferentes linajes europeos en su mayoría, mezcla entre ellas mismas –cepas generosas-, y muchas veces sin saberlo heredan su esencia árabe, griega o egipcia. Incluso europeos sobrevivientes de la gran plaga, fueron remanente en un lugar recóndito entre el mar y la cordillera chilena, hoy con orgullo dicen ser oriundos del cono sur, ¿qué se le va a ser?, somos dueños del viento, llevados a tierras donde le parezca mejor florecer.

Somos como los vinos, para disfrute de quien los aprecie.

Betinois*

*Léase: Betinuá.

jueves, 5 de enero de 2012

Unas letras para Steve Jobs.


Me enviaron este mensajito de texto: “K tengas un felis 2012, k todos tus deseos c kmplan”.

Casi lo devuelvo con enojo, diciendo que yo le deseaba que en el 2012 mejorara su ortografía. No acabo de entender ésta moda de escribir todo abreviado, ni por qué han elegido hacerlo de ese modo, ¿qué tiene que ver “Que” con “K”?
Con gusto le escribiría a los diseñadores de celulares y redes sociales para solicitarles mayor espacio en los mensajes de texto, para que nadie tuviera pretexto de escribir apresuradamente, ahorrando letras. El ritmo acelerado de hoy está devaluando nuestra hermosa lengua castellana. Las maestras de primaria sollozan en las esquinas, se lamentan, ¡su esfuerzo por enseñar a leer y escribir correctamente ha sido en vano!
Fui de la última generación afortunada, que aprendió letra script e imprenta, ¡era un placer aprender el alfabeto! Recuerdo a mi maestra, dibujaba lazos enormes en el pizarrón para enseñarnos a la señora “T” portando un precioso sombrero con pluma de avestruz e iba de la mano con su hijita “t” quien llevaba un pequeño sombrero, camino al estudio fotográfico, al final la foto de madre e hija se convertían en letra imprenta: T t. Mi maestra contaba historias increíbles de la S, M, R, B, J, todas ellas tenían una metamorfosis singular.

Escribas y catedráticos de antaño, incluso el mismo Steve Jobs se volvería a morir al ver lo que se está desvirtuando. ¡Ah, querido Steve! estudiaste caligrafía por años y te esmeraste en hermosas familias tipográficas para ser utilizadas en las computadoras, te preocupaste por la belleza, estilo, forma, tamaño, proporción, peso y funcionalidad de cada una. Te imagino muy sentadito con plumillas en mano frente a tu papel blanquísimo, delineando enamorado la letra zeta, para que cualquier persona que lo deseara, escribiera con orgullo la zeta en su apellido o su ciudad natal Zaragoza, y por supuesto para desear un feliz cumpleaños, una feliz navidad, un feliz año. Y es que si me escriben “felis año”, presiento que será incierto, que se está comiendo días o lunas, que es un intruso, definitivamente prefiero un año feliz, escrito con la guapa zeta de cabello largo, seseando cual sensual maja española. La “s”, la dejo para las fragantes y elegantes rosas, que solo nombrarlas el aire y la vida se visten con su aroma. Si escribo rozas, se sienten rasposas, sin olor… ¿no les parece?

Sugiero que escribamos correctamente aunque estemos de prisa y poco crédito en el celular, ¡concentrémonos y aportemos!; por los libros y las maestras de educación primaria, por ti, por mí, por el orden, en defensa de nuestra lengua española, ¡por la belleza!

¡Salud y feliz año 2012, que todos sus deseos se cumplan!

Betina.