BAMBINO
Desde muy, muy pequeñito -casi imperceptible- nadaba y bailaba con su velos transparentes, jugaba y conocía perfectamente cada rincón de su refugio privado, es por eso que hasta el día de hoy ama el rumor del mar, del agua de los ríos y de las fuentes; podría asegurar que escuchaba el canto de las sirenas, había una voz en especial que le alegraba, era un sonido que aunque venía del exterior, lo sentía suyo, entendía el sentido de sus palabras como un ballenato obedece a las vibraciones de quien le busca, no sabía que estaba en la fascinante creación a oscuras, adoraba arrullarse con el tic- tac del reloj principal.Un poco, tan solo un poco más tenue otra voz le confortaba, sentía calorcito, sin saber por qué sus extremidades se alborotaban y era mucho muy feliz.
En varias ocasiones como en una película de ficción, su habitat se expandía y se contraía, brincaba como en un tombling y creyó surfear, sucedía de repente al escuchar al tic-tac acelerarse con ritmos coordinados y sofisticados; otras veces se dejaba mimar con la suave oscilación de su mundo, permitiendo acomodarle, sin comprender por qué cada vez se reducía su espacio. Vivió tranquilito en esas aguas dulces sin medir el tiempo.
Sin conocerlo aún, sentía los ojos como plomo y el cuerpo cansado de mil días. Cómo no estarlo si había vivido en una pecera con clima incomparable, y de pronto en cuestión de horas una luz cegadora lo invadía, por eso prefería mantener los ojos cerrados, se preguntaba qué lo motivó e impulsivamente se arrojó buscando salida, como si le faltase oxígeno. ¿Qué le hizo cambiar de ámbito si era dueño de un paraíso líquido?
¡Qué cansancio, qué sueño! ...no tenía nada que hacer, así que dormía, dormía profundamente. Desde siempre disfruta la siesta para despertar ¡con ánimo de comer! Le arrimaban el pecho turgente “tipo buffet”, que para terminar lo besaba de satisfacción y agradecimiento para volver a su delicioso reposo entre nubes.
Luego en otro despertar se entretenía mirando la atmósfera tipo caleidoscopio, no alcanzaba a descifrarlo, así que disfrutaba de esos cambios sin prisa, ¡por eso reía a más no poder!, los colores le hacían cada broma que los adultos no adivinaban, todos se contagiaban de su risa fresca y el aire se tornaban en mariposas de primavera.
Sí, le llamaban noche cuando todos dormían mientras no conciliaba el sueño, en medio de la oscuridad le daba por recordar su habitat original, disfrutando el silencio que se le antojaba suyo, sin embargo batía sus bracitos y piernitas practicando su natación experta todo el tiempo para no olvidarla.
Todo era enorme, tan diferente a sus manitas y piecitos que llevaba a la boca para mordisquear con facilidad, pocos saben que comparaba proporción. Quien compartía el mayor tiempo le improvisaba un cenote artificial y ahí lo sentaba, ¡era un charco tibio en donde chapoteaba gustoso! golpeaba el agua deseando aparecer a sus sirenas. Momentos más tarde bebía savia dulce, luego lo mecían mientras emitían vibraciones que indescriptiblemente comprendía, adoraba ese sonido, ya lo conocía; respondía con dulzura a su manera al llamado, se arrullaba, dormía… y soñaba con poder comunicarse con los gigantes.
Betina