martes, 11 de enero de 2011

"Yo, Tlacuilo".
El caricaturista "Rius" lanzó una campaña para poner un alto al crimen en México, con una imagen muy fuerte y muy clara, que no deja dudas lo que él reclama, lo que todos deseamos expresar, él lo hizo con las dos tintas poderosas.
Curiosamente el mes pasado, paseando por el centro de la ciudad para mirar la iluminación navideña, fui al museo de la caricatura con mis hermanas, entre varias cosas que llamaron mi atención, en el segundo salón colgando hay un enorme "mitad revólver, mitad lápiz" y justo eso creo que es el concepto de la caricatura política ¿cuántos artistas pueden tirar a matar inteligentemente?
Dentro del mismo museo, unos pasos adelante encontré la foto de un tlacuilo, ¿qué hace esto aquí?... Investigué que los tlacuilos eran hombres y mujeres hábiles en el dibujo, a quienes desde niños se les adiestraba en el conocimiento profundo de su lengua y cultura. Se involucraban en diferentes actividades, no sólo con la pictografía, pintaban los códices y los murales en Mesoamérica, conocían las diversas formas de representación, así como la mitología. Llevaban registros de la diversidad biológica. Trabajaban en mercados y templos, según el tipo de actividad para la que se le necesitara e incluso, estaban bajo la protección de Xochiquétzal, la joven deidad de la belleza, las flores, el amor, el placer amoroso, y las artes. Tlacuilo es una palabra derivada del náhuatl tlacuilō o tlacuihcuilō que significa 'el que labra la piedra o la madera', lo que hoy llamamos escriba, pintor, escritor o sabio.

Aplaudí de gusto saber que en la cultura azteca las mujeres tenían acceso a este tipo de trabajo, enseguida me imaginé a mí misma de niña, vestida de huipil bordado con pájaros y flores, con bellas y largas trenzas adornando mi coronilla y tumbada de panza dibujando como lo solía hacer, por cierto el regalo más repetitivo que tuve de familiares y amigos fueron lápices de colores, yo les preguntaba ¿por qué siempre me regalan “prismacolor”? Muy distinto era ser tlacuilo en el antiguo Egipto, en donde la profesión de escriba era elitista, exclusiva para hombres y giraba en torno al Faraón. Por otro lado, los hebreos tenían prohibido las representaciones o imágenes, al igual que los islámicos, aunque tenían alfabeto propio, generalmente lo ocupaban para asuntos contables o comerciales, es así como la caligrafía se convierte en un sustituto de la decoración figurativa relacionado con la religión, el arte islámico utiliza una hermosa caligrafía para sus frases extraídas del Corán. La transmisión oral se mantiene por tradición, sobre todo en el caso de las escrituras, cuyos estudiosos seguirán aprendiéndolo de memoria, pero paralelamente surge un interés por dejar constancia escrita de todo cuanto sucede, se fabula o se piensa, dando lugar a una extensísima literatura.

“En la antigüedad azteca, los tlacuilos eran los encargados de dibujar los códices en que los indígenas llevaban registros de toda naturaleza. Para formar los códices usaban papel de amate, piel de venado, tela de algodón tejida en telar de cintura, y, tal vez, papel de maguey, así como tinta, exclusivamente negra y roja, para las pinturas y glifos. Los códices se guardaban, doblados a manera de biombos, en amoxcallis. Además de registrar los eventos en los códices, los aztecas conservaban su historia en la memoria de individuos, que transmitían sus conocimientos de generación en generación. Observando un códice, a los aztecas les era posible recordar con fidelidad lo que había aprendido de memoria. Por esta circunstancia es que el tlacuilo era "el que escribe pintando" o "el que pinta escribiendo".

En mi familia habemos tlacuilos, me complace pensar agradecida que fuimos favorecidos y somos una casta libre y especial que disfrutamos escribir pintando.

Betina.