Al disparo de salida, salimos como estampida de búfalos, como caballos salvajes de Montana, tan rápidos como los figuritas giratorias de las maquinitas de apuestas en Las Vegas.
Eramos 200 millones, tan diversos como en una carrera de triatlón. Tuvimos 90 días de entrenamiento y clases especiales de superación, nos enseñaron hasta el cansancio dar el 100% sabiendo que podíamos fallar, que solo uno se quedaría con el triunfo, sin embargo, todos deseábamos salir a la pista, no teníamos temor. Se oían rumores de que la carrera podría durar 30 minutos ó tornarse en un maratón de cinco extenuantes días, morir de hambre o ser devorados por “caníbales”, muchos fuimos entrenados para ser corredores de fondo, aprendimos técnicas para evitar trampas y obstáculos, otros rompían nuevas marcas de velocidad, todos sin duda alguna deseábamos llegar a la meta. Literal, se encontraba en nuestra cabeza: llegar y ganar. El guión de la película era sobrevivir en terreno fértil por 5 días, pero el principal objetivo tenía una vigencia de tan solo 24 horas, quien no ganara, simplemente moriría. Paradójico, pero era una carrera feliz, significaba para mí y la multitud: la Gran oportunidad.
Confieso que entonces era sumamente delgada, pero desbordaba energía. Dicen que tengo buena patada para nadar, quizá la desarrollé desde entonces. Debo presumir que no corría, ¡volaba como si portara alas en los tobillos! Fueron 90 días en donde fuimos capacitados para ganar, el entusiasmo nos hacía brillar positivamente como el mismo sol, cada minuto, cada hora, cada día repetíamos: - ¡Conquistaré, SOY EL MEJOR, SOY UN GANADOR, voy por la vida misma!
Soy el más apto, el más fuerte, el mejor formado, el más veloz entre 200 millones de espermatozoides, fui programada para triunfar en algún momento, al final del Otoño de 1964. Mi madre puso el óvulo, mi padre todo un ejército, pero Dios me escogió.
Nunca quiero olvidarlo: ¡SOY UN GANADOR!
Betina.
Confieso que entonces era sumamente delgada, pero desbordaba energía. Dicen que tengo buena patada para nadar, quizá la desarrollé desde entonces. Debo presumir que no corría, ¡volaba como si portara alas en los tobillos! Fueron 90 días en donde fuimos capacitados para ganar, el entusiasmo nos hacía brillar positivamente como el mismo sol, cada minuto, cada hora, cada día repetíamos: - ¡Conquistaré, SOY EL MEJOR, SOY UN GANADOR, voy por la vida misma!
Soy el más apto, el más fuerte, el mejor formado, el más veloz entre 200 millones de espermatozoides, fui programada para triunfar en algún momento, al final del Otoño de 1964. Mi madre puso el óvulo, mi padre todo un ejército, pero Dios me escogió.
Nunca quiero olvidarlo: ¡SOY UN GANADOR!
Betina.
