UNA MAESTRA EN TODOS LOS SENTIDOS.Primera Parte.
Escuché un pintor decir: “Pinto para mí, yo soy mi cliente”. Un amigo escritor alguna vez me dijo: “escribo para que a mí me guste”. Yo creo que Marie Curie estudió, trabajó e investigó para sí misma, porque no podía parar.
En mi primer viaje a París quise conocer algo que necesitaba tocar, mirar y oler: la Universidad de La Sorbona. Se encuentra en el centro de la ciudad, cerca del barrio latino y los placenteros jardines de Luxemburgo. Cuando llegué al recinto el corazón me latía emocionado, identifiqué de inmediato la antigua fachada, las columnas, el domo. Despacio me acerqué sintiendo cada paso y atravesé la puerta como si fuera una estudiante que va a sus clases diarias. Una vez adentro en la pequeña explanada contemplé el techo, acaricié con la mirada las paredes en sus cuatro coordenadas, de repente exclamé para mí: ¡Ah, señora! la imaginé cruzando hacia los salones y la biblioteca con falda larga y su sombrerito con el cabello recogido en la nuca a la usanza de fines del siglo XIX, a la maestra Marie Curie.
Pienso en su vida de familia, eran pobres, ella fue la quinta y última de los hijos, sus padres polacos profesores muy estudiosos también vivieron una Polonia dominada por los rusos. Pienso en la muerte de su hermanita Zosia, que enfermó de tifus y luego su mamá enferma gravemente y se retira al campo a tratar de curarse porque no puede atender a sus hijos, cuatro años después muere de tuberculosis. María tenía entonces once años y le afectó terriblemente.
María Sklodowska amaba estudiar, dicen que le adelantaba a los maestros y a ellos no les agradaba por ello; también hablaba polaco, ruso, alemán, francés e inglés y en muchas asignaturas fue autodidacta. Aunque se entretenía mucho estudiando, sufría de depresiones siendo adolescente, en varias ocasiones su padre la enviaba al campo con algunos familiares para que se distrajera y ¡me encanta saber que ahí le gustaba bailar y pasear!
Me sorprende que eran muy pobres pero querían ayudar a su país, Maria mantenía una relación muy estrecha con su hermana Bronia, ambas apoyaban a los positivistas, un grupo de pensadores que creían en el progreso a través de la educación y la ciencia, abogaban por la igualdad entre hombres y mujeres tanto en la educación como en el trabajo; creían que todos tenían derecho a recibir una educación, no sólo quienes pertenecían a las clases más ricas.
Para lograr su sueño, mientras Bronia estudiaba medicina en París, María era institutriz y le enviaba la mitad de su sueldo, por su parte Bronia se comprometía a pagar su educación una vez que consiguiera su título, (¡bravo! ¿cómo no se me ocurrió a mí?)
Madame Curie sufrió -como todos- un decepción amorosa, lloró y se evadió trabajando y estudiando. Llegó su turno y salió de Varsovia para estudiar en París.
Pero un día -estoy casi segura que fue uno de esos soleados de primavera, las maravillosas flores de la Provenze desprendían su perfume ¡y Francia estaba en todo su esplendor!- conoció a un científico francés, Pierre Curie, debido a sus investigaciones de radiactividad y una enorme lista de fórmulas, el trabajo en conjunto... se enamoraron. “¡Genio llama a genio!”
Deseo pensar que después del laboratorio, Pierre y Marie iban a los cafeterías al aire libre del barrio latino para platicar -segurito- de más fórmulas complicadas; o quizá iban a ver cine mudo doblándose de risa por los temas de la época o por el pianista que tenía que seguir sudoroso cada escena. Me gusta imaginarlos caminando juntos por las empedradas callecitas inclinadas, paseando por Sacre Coeur y Montmartre, el barrio de los intelectuales. Muy posiblemente eran amigos de más científicos, escritores, músicos y pintores impresionistas, sí... muy probablemente porque todos se inspiraban con el trabajo de todos.
Me fascina imaginarlos en bicicleta disfrutando su luna de miel desde la Bretaña francesa, por toda la costa del país hasta Cote d´Azur, ¡wow! ... ¡le tour de France! Me regocija leer que la gente tradicional se escandalizaba porque María paseaba en culottes (pantalones especiales ùnicamete para montar bici). Luego visualizo a Marie como ama de casa, cocinando, haciendo camas, comprando fruta, cuidando a su bebé, y sin duda estudiando con el cabello despeinadito y recogido hasta muy noche.
Investigó tanto, no fue fácil, fue un reto para Marie Curie, ser la primera mujer que impartió clases en esta famosa universidad francesa, dicen que en su primer día fue tal la novedad, que mucha gente asistió solo para ver esa “rareza”, no era para menos después de 650 años transcurridos de la fundación de La Sorbona en donde los hombres habían dominado la cátedra.
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