viernes, 2 de abril de 2010

¡¡¡ Una aventura de BETINA JONES !!!



Tanto dices que quieres hacerme chiquita-chiquita para guardarme en tu bolsillo y llevarme contigo a todos lados que tuve un sueño extraño, podría añadirse a la versión de “Alice in Wonderland” de Tim Burton:

Estabas frente a mí besándome y en un instante todo lo ví negro, quizá fue uno de mis mareos y me ví flotando en un abismo, para no golpearme me sostuve de donde pude, ¡y logré afianzarme de una liana!, -¿en donde estoy?, me pregunté-, no lo podía creer, ¡eran tus bigotes!, desde ahí pude tener la mejor vista de tu boca y decidí bajar con la fuerza de mi musculatura. ¡El cañón del cobre y el cañón del Colorado se quedaron cortos!, y ¡qué grande tienes la boca!, despacio fui metiéndome en ese inmenso desierto tuyo tan suave y cálido, sedienta recorrí una a una las líneas de tus labios; ¡tremendo susto me diste!, porque iba caminando, de pronto los humedeciste y me salió al encuentro un “alien” viscoso y bofo que quería perseguirme, besarme y posesionarme. En una fracción de segundo me encontré dentro de tu boca ahogándome, las olas me golpeaban la cara, me esforcé por nadar hacia afuera, pero el alien se revolvía en ese mar torturándome.

No sé por qué, pero ¡estornudaste!, con esa explosión salí volando como Tom Cruise en su “Misión: Imposible”. Sin perder la oportunidad también revolví brazos y piernas al volar para conseguir la misma experiencia, ¡Síii, había superado la realidad virtual, la “tacha” y todo lo más embriagante actualmente conocido!. Fui a dar a no sé qué parte de tu cuerpo, reconocí -aún siendo yo tan pequeña- la tersura de tu piel, ¡qué universo, qué hermosura!, ¡qué locura...todo empezó a temblar!. Me quedé callada observando, sintiendo, temblabas de frío. Te abracé, te besé, te acaricié… ¡no me hacías caso!, ¿cómo hacer para que me vieras?. ¡Bendita Providencia!, ¡¡un avión, un avión!!(¿o avioneta?), le hice la parada, era un mosquito, -ojalá sea el bilingüe, pensé-, ¡Yes!, o al menos eso me pareció escuchar, y lo abordé, volé con él. A lo lejos te veías como Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln, en Rushmore Mount en Dakota del Sur. Tu mano quiso sacarnos de combate: una, dos, tres, ¡cuatro veces!, hasta que nos apachurraste de una bofetada, entonces al fin me viste, ¡hecha puré!... Medio asustado, comenzaste a llorar, pero tus gotitas mágicas cayeron sobre mí y volví a mi tamaño normal.

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