
“D.F. te amo”… ó “Mexico city te amo”… ¿Cuál será el título más apropiado para mi guión cinematográfico? y es que el viernes 22 de enero me pasó tanto que sería bueno hacer una película. Considerando el éxito que han tenido “París te amo” y “Nueva York te amo”, ¡mis historias urbanas también podrían ser taquilleras!
Ir al teatro la noche anterior con mi amiga Monse para ver y escuchar el monólogo de Héctor Suárez Gomíz, nos hizo tanto bien para olvidar el malhumor de la rutina del trabajo, el tránsito pesado, el dinero que teníamos a mitad de quincena, etc, etc. Lloramos de la risa con sus anécdotas familiares, no conforme escribió un libro “El pelón en los tiempos del cólera” y comentó haber vendido más de 27,000 ejemplares, al final de la obra añadió: - con esto, me doy cuenta que cualquier pendejo puede escribir un libro- por lo que pensé: ¡pues yo quiero ser pendejísima! Jajaja,¿que no?
Considerando mi buen humor hice plan para lograr mi travesía por la ciudad del día siguiente: Salir a las 7.10 am de mi casa en Aragón, llegar a las 9.00 am al colegio cerca de Televisa San Angel, entregar unos volantes que deben repartirse muy temprano hasta el lunes, seguirme corriendo para un training a las 9.30 am que nos impartiría en la agencia una súper experta en el programa de Au Pair (baby setter o niñeras en el extranjero).
Sería fácil si salía con tiempo, con un café y croissant de desayuno para el camino, organizadamente como en el primer mundo, midiendo distancias, desconociendo el stress, mirando el amanecer y los volcanes desde uno de los distribuidores viales, sentir el aire fresco matinal por la ventanilla semiabierta, ¡qué delicia! Pero nooooooooooooo, ¡olvidé que era viernes! y yo no sé qué pasa los viernes pero todas las vialidades son imposibles de transitar. No me importó y seguí cantando en mi interior la canción de J.M.Serrat “Hoy puede ser un gran día, duro con él!”. Después de la odisea de la avenida Central, el paso de la muerte en Oceanía, recorrer el Eje 3 Oriente, no me desanimé… seguí y al fin entré a Churubusco, despejado como para andar a ¡80km/hr!, hay congestionamiento para cruzar Tlalpan… sigo cantando “Hoy puede ser un gran día...” ¡No manchen! ¡que no ven que Hoy es mi gran día, no me lo descompongan!…Sigo mi camino hasta Barranca del muerto antes del teatro Libanés, me paro en un semáforo que siempre es a criterio de los automovilistas, pero iba solita a la cabeza, se prende el Alto y me detengo (cual debe); sin embargo el que venía detrás de mí no pensó igual y me dió un golpazo. Escuché el rechinido de las llantas al frenar, al instante sentí un fuerte tirón en el cuello y la espalda, empieza el horrible concierto de los demás autos; el conductor de atrás me grita enojado: - ¡Bájate! (-claro que me voy a bajar, “hi-ji-to de Blanca Nie-ves”, ahorita vas a ver estrúpido!!! Tsss… hasta olvidé mi actitud de primer mundo). El dolor del cuello es intenso, echo un ojo a mi carro: Nada. ¡No le pasó nada! miro el otro auto, la defensa está un poco maltratada con un rasponcito. El hombre me grita: -¿por qué te paras así maestra? Aquí todos nos pasamos! ¿qué no ves? En mi alegar sobre las reglas de tránsito pasaron como ¡20 horas! El muy estrúpido entonces pregunta -¿y ahora quién me va a pagar mi defensa, mira qué HORRIBLE quedó? ¡¡Llama a tu seguro!!- Yo: ¿Quéeeeeeeeeeeeeee? Osea, tú me pegas y yo tengo que pagarte? ¡Por supuesto que Nooo!!! Pasan otras 3 horas discutiendo lo mismo y mi pobre cuello tenso, tenso. Total que no le pago absolutamente nada al hijito de Blanca Nieves, ni llamamos a los seguros, lo dejo refunfuñando mirando su carro; yo, sin cantar “Hoy puede ser un gran día” me dirigí al colegio.
II
Había escuchado que la gente se disfrazaban de asiento de automóvil para pasar la frontera a los E.U. y creí que era una leyenda urbana más, ¡pero es real! Yo me estaba transformando en un magnífico modelo de asiento, pero fiel como cartero llegué a mi destino para entregar 400 flyers, mismos que tenían UN error y la Miss del colegio se puso furiosa-furiosa, así que voy de regreso a mi coche con 400 pesados como plomo. Pido hacer una llamada a mi oficina para reportar la razón de mi atraso, el error del flyer y aviso que voy en camino. Me tiemblan los brazos y las manos, me palpita la cabeza, ¡mi cuello está más duro que López Obrador para quitarlo de Reforma!
Después de mil horas llego a mi oficina con los volantes de plomo en un brazo, entro a la oficina y la primera persona que veo es mi jefa que dice: -¡Hijole Bety! Qué mala onda! Yo sin poder voltear hacia arriba al mezzannine y con paso de robot contesto: - ¡sí caray me pegó re-duro! Mi jefa con su singular tono: - ¡Ah no! Yo decía del error del flyer! …………… (¡exacto! puntos suspensivos!) y desde lo profundo del corazón exclamé bajito un: ¡Graaaaacias!, exclamación que indignó a mi directora y fue motivo de disgusto para ambas. Mis compañeros solícitos pronto empezaron a atenderme con gran diferencia.
Lo que sí me quedó claro es que cada uno debe ver por sus intereses y prioridades. Mis jefes desmayaban por su flyer y training, yo por mi cuello y apariencia de sillón rústico. Por si fuera poco, no me dejan ir a mi casa hasta no constatar que en verdad estuviera lastimada y me piden radiografías (entra música de piano tétrico de cine mudo) y que lo cheque en el Seguro... ¡el IMSS!!!!!!!!!!!!!!!
(Aquí voy a hacer un corte porque definitivamente no quiero meter el diálogo insaboro de mis jefes en MI película y hacerlos famosos. No,no…)
III
Sofi mi hermana doctora se ofrece acompañarme a la clínica 8 del IMSS, al lado de Plaza Loreto, porque mi brazo doblado cual Napoleón no le gusta. Tomamos un taxi, el chofer ve mi condición y decide llevarme pronto esquivando hoyos y olvidando topes; se detiene frente a la clínica y le cobra a mi hermana “traslado de emergencia”, ¡no es posible!, cómo discutir con un segundo hi-ji-to de Blanca Nieves!
Al frente de la ventanilla de admisiones en Urgencias había una mujer rubia “Clairol” robusta, me pregunta y escribe cosas en mi hoja con sus uñas pintadas de azul eléctrico, nos indica pedir un sello verificador en una fila de 15 personas, pasar a Archivo, después subir la rampa al segundo piso para encontrar al Dr. Bolívar -que por cierto está por irse-, "pero si le corría" ¡lo alcanzaba! dijo atinadamente.
(Acá también haré un corte para no mostrar que la señorita de Admisiones da indicaciones equivocadas, la negligencia de los trabajadores del IMSS, el olor de los tacos sudados en el escritorio junto a las computadoras, ni la ausencia de la gente cuando se les necesita. No, no… eso lo dejaré para un documental de denuncia tipo “Bowling in Colombine” del director Mike Moore!)
Mi hermana se forma, torna, sube, corre y mete mi expediente al consultorio 3 con el Dr. Bolívar, son 13:50 pm…¡uy! pronto terminaría el turno matutino. Sudando mi hermanita preciosa me pide un break para ir al baño y me ruega no dejar ir al doctor en turno, me recomienda que exagere mi dolor para que me atienda. Ella se va y automáticamente se oye: “Beaaaaaatriiiiiz Garcíaaaaaa!”, feliz dije: ¡YOoooo!, ni cómo pararme volando o levantar la mano. El Dr. Bolívar que parecía más el "doctor Chapatín" me explica: -Ya acabó mi turno, ¿mm? no puedo checarla ahora, pero no se preocupe ¿eh?, ya llegó el otro doctor, ¡aquí es servicio continuo! (Jaaa!) Acto seguido, recuerdo la advertencia de Sofi y hago la que me duele ¡hasta el infinito y más allá!, el doctor Chapatín me observa, pero le vale sorbete porque él ya había terminado su turno y me deja ahí…¡ahí, con mi gran actuación! Sofi regresa del baño, me pregunta por el doc, le explico lo sucedido y ni hablar decidimos esperar el siguiente turno. Pasa más de una hora y no llaman a nadie, dan las 15:20 pm y llaman a otros que llegaron después de mí, -¿qué pasa aquí? dice mi hermana. En siete movimientos me levanto, me acerco al consultorio y pregunto por mi expediente, resulta que no estaba porque el anterior doctor al serle imposible atender a todos, todos, todos sus pacientes devuelve los expedientes a la ventanilla de Admisiones, ¡donde nuevamente me asignarían doctor!
(¿Saben? La siguiente escena tuve que quitarla porque sobreactué, en lugar de personificar a una mujer madura dueña de sí misma, aunque que con fuerte dolor por contracturas musculares, lo acepto, me sobregiré e hice -por cierto-una magnífica interpretación de "Hulk". Por otro lado, pretendo que sea una película, sino familiar, al menos categoría "B" con un lenguaje moderado y la verdad, tampoco quiero que en el extranjero piensen que siempre nos tratan así... solo deseo ¡plasmar mi arte!)
Así que repetimos:
Bajamos a Admisiones y nos indican pedir un sello verificador en la fila, pasar a Archivo, subir la rampa al segundo piso para encontrar el consultorio 4. ¡Ah! -me advierten-, ya le habían llamado, como nadie contestó el doctor salió un momento... (Bip de censura) Esperamos un rato paradas porque una pareja de novios ocupaban sentados las dos únicas bancas, se besaban y se hablaba dulcemente mientras bromeaban mostrando lo último de sus teléfonos celulares. Al cabo de un rato ¡albricias, el doctor llega! Entra primero, regañándome por no estar cuando me llaman, me mira y hace su aburrida rutina, también necesita verificar que lo mío es verdadero, así que me osculta el cuello, la nuca, las vértebras una a una, los músculos de los hombros y espalda, jala mi bracito napoleónico hacia atrás, yo me quejo y lloro de puro dolor, ¡de puro dolor de no sacar "la verdulera de verdad, que todos traemos dentro"!
Me toman rayos X, no dejan pasar a Sofi y tengo que desvestirme con una mano, parada me inyectan una sustancia que arde y me hacen sentir en una corrida de toros (tss, me dejaron un moretón del tamaño de una galleta “María”). Todavía más adolorida por los banderillazos que la misma nuca pido ayuda para subir mis pantalones, la enfermera–torera al subirlos me acomodó tremendo “calzón chino” que aquí ya no me quedó más que llorar ¡como en el kinder garden!
IV
Ya no voy a seguir con más, porque no sé si mi guión interese a los cineastas. Solo pienso que quizá los planetas estaban retrógrados, que me paré con el pie izquierdo, que era media quincena y que Dios frenó un día en mi vida acelerada y me dió una oportunidad para valorar todo lo que tengo, entre ellos a mis compañeros de trabajo, y ante todo a mi hermana y su familia, probé de nueva cuenta su amor incondicional, me mostró que no estoy sola.
Esta experiencia me hizo recordar que el tiempo es oro, que todo puede suceder en un pestañear, que puedo trabajar con diligencia y exactitud, servir al 100%, ¡ser lo mejor de mí en cada detalle! Aprendí la importancia de ayudar y sonreír.
Mi 22 de Enero pasado pudo ser un día negro, pero quiero llamarlo como lo haría Luz Casal en su canción fue tan solo "un día marrón".
(La musicalización la tengo pendiente, le seguiré otro día.)
Betina.
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