domingo, 29 de agosto de 2010

Como lo hacía mi mamá.


Hoy domingo fui al mercado de por tu casa… cada metro lo caminaba recordando tus pasos más lentos que los míos, recorriendo el puesto de semillas y chiles secos, deseando escuchar como se llama cada uno y me explicaras en qué guiso prepararlo, continúo por el puesto del que tiene mejor verdura pero es "carero", el del viejito tu marchante, que tenía la verdura más baratita, le sonreí y saludé de tu parte. Busqué el puesto de la fruta, ésa que te tardabas en escoger y me hacías desesperar porque yo la veía toda igual… todo en tí me parecía que era lento, mami hoy podría esperarte mucho, mucho más, te lo prometo.
Al fin llegué al puesto del señor que vende pollo y “nugues”, le compré unos poquitos para freírlos y recordar que con ellos me consentías mas una rica ensalada. Por supuesto conservo tu ritual de volver al puesto de la verdura barata por segunda y tercera vez comprando el epazote para las quesadillas y los frijoles. De pasadita contemplo el puesto de flores… ¡ay pero qué hermosas son! claveles rojos y blancos, ¡mira las rosas rojas, rosas, color durazno y amarillas! y la cubeta que se desborda de “nube”, los alcatraces que contrastan con las “aves de paraíso” y en una esquina los girasoles -¡carísimos!-, decías; pregunto por un ramo de azaleas “nomás por preguntar”, miro de reojo los nardos y me acerco a olerlos, huele a tí, a un dulce aroma de antaño, a fiestas, a bodas, a iglesia los domingos…me retiro de ahí para no llorar. Ya iba de salida, pero como te traigo en la mente, me desvío hacia al puesto de las nueces y las almendras, y también pido un poco de uvas pasas. Guardo todo y voy enlistando en voz baja las cosas que llevo para que no se me olvide nada, en serio que ya me iba a la casa pero… -¡las tortillas!-, y voy de regreso, lo cruzo todo. Esta rutina de domingo que me hartaba, hoy, daría lo que fuera por repetirla contigo, escuchar tu voz tranquila mientras iría detrás de tí con tu caminar pausado, mirando tu espalda encorvadita y tu cabeza cana, deleitándome con tus manos suavecitas abriendo y cerrando doce veces tu monedero rosa pastel.

Gracias mami por tantos domingos juntas… ya hace un año de tu partida.
Betina

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