martes, 31 de agosto de 2010

(Facebook) La Máquina del Tiempo.



Sábado 28 de Agosto 7:00 am suena el despertador y lo que nunca me sucede entre semana, con una sonrisa plena apago tranquila la alarma, de un brinco salto de mi cama y voy feliz hacia la ducha tarareando una canción de Donna Summer. Voy pensando en cómo me voy a vestir, pensaba irme bien combinada toda nice para ellos, pero David nos invitó a un lago a pescar truchas (¡qué padre, siempre he querido hacerlo!), nos vamos a enlodar y no cuento con botas de hule hasta la rodilla ni repelente de mosquitos, ni hablar, busco el pantalón negro desteñido para poder tirarme al pasto, mis tenis cafés de caminar por doquier y una camiseta azul celeste, por último mi chamarra blanca ligerita (habría buen clima, prometió el anfitrión), así que ¡cero caché! Me maquillo apresurada y me tiembla la mano con el rimel, sintiendo aquellas mariposas en la panza, igual como en los tiempos de la secundaria.¡Qué emoción!
Ya son 8:10 am, Fernando, Nashyeli y sus hijos me esperaban en Oceanía, encontraron tránsito y tardarían un poquito en llegar…

Todo empezó porque una noche en el radio dijeron que LA FELICIDAD era un deporte extremo en la ciudad de México, al día siguiente hubo bloqueo e hice tres horas para llegar a la oficina! Llegué sudando y de malas, avisando el caos vial a mi jefe, sin embargo todos estábamos igual. Me negué a ello y con la frase de Serrat levanté mi estandarte: “HOY PUEDE SER UN GRAN DIA, ¡DURO CON EL!”

Las ventas están mal, este verano estuvo flojísimo y ya se terminó, no hay mucho que hacer, con una taza de café en la mano miro por el ventanal tanta gente entrar al Starbucks, y yo aquí sola en silencio sentada frente a “Merlina” (la lap top, mi cómplice) decido hacer algo de provecho en medio de este limbo.

Cuál fue mi sorpresa al buscar “amigos” en Facebook, encontrar el nombre de Elizabeth Garza Gaytán, mirar sus contactos y leer: Daniel Rosales, Fernando Ordoñez, Gabriela Juárez, Jan E. Ordoñez, Juan Del Campo, Nashyeli Ledesma… ¡Sí, siiii! ésta es la amiga de la secundaria que estaba buscando! Mis dedos alegres y veloces me ayudan a enviar invitaciones, Dany ciclista veloz es el primero en aceptarme y enviarme sugerencias de amigos y van llegando poco a poco las noticias, Jan con su talento increíble resultó ser un arquitecto en Cancún, me informaron de mi amiga pianista, de aquel que está en Colombia, de nuestro amigo japonés, de varias que “no se les da” el Facebook, y el que se casó con una niña del “A”, voy a las fotos de estos amigos ¡pero solo encuentro adultos!… estaba admirada por el paso del tiempo en cada uno de ellos -¿cómo me verían ellos a mí? ¿qué sería de ellos y cómo les trataba la vida?- pensé. Uno es abogado, dos son psicólogas, un contador público y otros son empresarios… ¿a dónde nos llevó la vida en estos 30 años? Quería saber todo de ellos. ¡Me sentía efervescente como Alka-seltzer! Sentía mi sangre galopar alocada hasta el corazón, oleadas de felicidad me invadían el cerebro, los ojos, ¡mi sonrisa era un sol resplandeciente! Ese día gané la batalla, funciona, funciona decretar: “HOY PUEDE SER UN GRAN DIA, ¡DURO CON EL!”


Llegó Fernando en su auto con Nashyeli, con su enorme sonrisa de siempre me abraza, la abrazo, ¡qué guapa es!; saludo a Fer pero no puedo esperar y me lanzo emocionada dentro del carro y le besuqueo la mejilla; nos fuimos riendo recordando anécdotas camino a Puebla, encontrarnos con los demás en casa de Liz y David, que fueron novios desde el último año de secundaria y se casaron, pero siempre buscaron la manera de reunir a sus compañeros.

Llegamos a la cita en la casa 40, un cocker blanco y color miel atado nos recibió con ladridos: -¡Hola, hola, cuenten!¿qué pasa, quiénes son ustedes?
No sé como explicarlo, pero los tres pilares a la derecha del pasillo de entrada me hicieron sentir como en la máquina del tiempo o en algún capítulo de “la Dimensión Desconocida”, había niños, y adolescentes, los adultos se abrazaban, la primera que me extiende los brazos es la inteligentísima y guapísima Liz con una sonrisa mayor que los volcanes; ahí estaba Jan delgado y bronceado, el niño del portafolio de mapamundi y dibujos increíbles me sonríe a mas no poder. David me aborda feliz y me llama “Betina”, me sorprende que después de tantos años ya me diga así tan familiarmente, como si lo hubiera visto el día de ayer. Sigo caminando por el pasillo de la “Dimensión Desconocida”, y aparece Jaime con su eterna jovialidad, ¡lo abrazo y lo beso agradecida como haber encontrado a mi hermano desaparecido!, giro y veo a Martha con su naricita y ojos inconfundibles, ya no puedo más y todas mis luces pirotécnicas de entusiasmo estallan, la hermosa niña de Torreón me abraza y se nos sale la felicidad rosa ¡a todo color! Me sigo con Luis transformado en un papá adorador de sus hijas, pero me asomo y lo encuentro en sus ojos, ahí dentro estaba ese jovencito de rizos rubios y sonrisa encantadora. Laurencio idéntico con su carita traviesa espera paciente mis abrazos, me enseña su princesita y esposa. Lety Trigos creció más que yo, la veo linda, linda en azul.

La segunda exhibición de juegos pirotécnicos a la que todos bajamos a disfrutar fue en una gasolinera sobre la carretera, ahí estaba una ¿¿¿mujer adulta??? era nuestra estudiosísima Gaby Juárez!!! ¡más abrazos, más besos, más júbilo y yo no tenía llenadera!

Llegamos a una pequeña zona de acampar con lago de truchas, todos hablábamos, todos reíamos, todos nos fotografiábamos, todos nos rotábamos para platicar con cada uno, separados y en bola, repartimos tequilitas, los 4 paquetes de sándwiches y botanas riquísimas mientras se conseguían las truchas. Puedo decir que estábamos un poco ebrios porque disfrutábamos un día de descanso juntos, aunque a Martha sí se le movió el piso y ¡hasta un poste! me maravilló ver sus mismos movimientos y gestos de adolescente al asustarse y pedir ayuda para sostener el méndigo poste que se le venía encima (según ella), y por supuesto Liz su eterna amiga solidaria intentando entender ¡por dónde lo detenía!

Puse a enfriar el vino blanco ligero en la hielera, qué ganas de agasajarlos, preparar una enorme mesa con manteles blancos y flores, con copas de cristal y mucho vino, ¡ellos lo merecían, yo lo merecía después de 30 años!

El sol brillaba suavemente, David nuestro anfitrión preparaba las cañas de pescar, me acerqué para aprender: la técnica de ensartado de hilo, la correcta colocación de anzuelo y la formación de carnada con aroma a pescado, me tocó compartir la caña con Diego (hijito de Martha). David nos explicó la complicadísima técnica de lanzado de anzuelo, dijo que teníamos que lanzarlo como si fuera una espada samurai (¡Uf, facilísimo! –dije yo.) Por supuesto le cedí el primer lugar a Dieguito quien lo hizo excelentemente bien, y empezamos a tensar el hilo, lo sacamos emocionados porque sentimos que algo lo jalaba y sacamos nuestro primer “pez Alga”, apuntó Laurencio. Volvimos a intentar, ésta vez mi pareja de pesca me cedió el turno, me dispuse a practicar mi sablazo maestro y juraba que lo había hecho hacia el frente, pero nooooooo, mi increíble lanzamiento quedó en un ángulo 30º de nosotros, cuando David (hijo) muy amablemente nos indica: - Bueno, no importa, a ver sino se cruza con el anzuelo de a lado, traten de mantener una distancia ¿ok?, ante esos resultados le cedí completamente la caña a Dieguito, ¡mi sensei!

A nuestra izquierda descansando en el solecito sobre el pasto frente al lago, estaban las hermosas niñas Ledesma Pineda, mientras que a nuestra derecha estaban las preciosas niñas Garza Gaytán y Mancera Calvillo, atrapando la primera trucha. Los esposos de Martha y Lety nos observaban atrás muy tranquilitos, mientras el resto del grupo soltaba carcajadas cada cinco minutos. Yo esperaba el momento prometido por Jan de ponernos a todos a meditar, la mera verdad lo que yo quería era abrazar feliz a los árboles para dejarles mis penas y cargarme de energía como lo hacen en Guerrero, la tierra de mis padres. El pequeño hijo de Jaime esfumaba mis pensamientos, iba y venía a mí pidiendo carnada de cuando en cuando… imaginé que al pobre se le caía del anzuelo, ¡Ja! atrapó solito junto con Diego como once peces! ¡Qué éxito, qué alegría nos dieron nuestros niños!

Limpiaron y lavaron el pescado para luego cocinarlo a las brasas, a la mantequilla de limón, al mojo de ajo, empapelado con champiñones, quesos y otras variantes… los trajeron a la mesa y retraté el festín, ¡ha sido de las mesas servidas más lindas que he visto en mi vida!... estaba con mis “casi hermanos”, como bien señaló David.
Siguió la sobremesa, las bromas, ¡nos rebanábamos de risa con el novedoso “Juárez Argueta Show”, que nos hizo de banquete!
El viento comenzó a dibujar estelas en el lago y nubes grises anunciaban la lluvia, algunos se despidieron ahí mismo prometiendo reunirnos pronto, otros nos fuimos a refugiar a la casa número 40 de la cita original para seguir platicando, compartiéndonos, reconociéndonos, revelando secretos tristes guardados por 30 años hasta dejarnos mudos, yo por mi parte queriendo agarrar de la solapa a la vida, reclamando por ellos, y a la vez agradecida por haber sobrevivido a tanto.

Mis amiguitos, como dice Jan con frecuencia (y me agrada que lo haga en diminutivo) son ahora adultos como yo, que han recorrido el camino desconocido quién sabe cuántas veces, logrando la cima, asumiendo fracasos, hallando el amor y la vida a su manera, disfrutando la alegría o atrapándola, sobreviviendo al desamor, buscando y encontrando soluciones, superando enfermedades, fortaleciéndonos, llorando a solas -quizá también como yo- por la impotencia de la pérdida de seres queridos o fracturas económicas, pero deseando conservar la amistad y la hermandad tan auténticas que sentimos hoy así como en aquellos maravillosos años de nuestra adolescencia.

Semanas atrás, aún cargaba tristeza por la ausencia de mi madre y de Luis, un hombre irrepetible. Dios me enseñó que él puede hacer que vuelva a disfrutar a mis seres queridos, probablemente con otro cuerpo o las facciones cambiadas, no importa cuando algún día los voy a reencontrar más altos, y estaremos juntos riéndonos, contándonos nuestras aventuras, porque para Dios todo es posible. Esta idea cubrió de luz cálida el vacío interior que no he logrado llenar por mis pérdidas.

Con muchísimo amor para Liz, David, Fernando, Jan, Luis, Nashyeli, Daniel, Jaime, Martha, Gaby, Juan, Lety, Lia, Laurencio, Analú, Yukihiko…y por todos los que faltan por sumar.

Betina (número de lista: 21)
Esc. Secundaria Lic. Benito Juárez No. 11

No hay comentarios:

Publicar un comentario