Fue un soldado atrevido a ganar territorio para su Patria. El sendero parecía libre de enemigos y decidió recorrerlo, pisando con cuidado pues pudiera haber minas. Vió de pronto un herido, un osado esclavo que huía de verdugos, estaba lastimado y adolorido. El soldado dió de beber al esclavo, viendo y admirando el valor y vestidos sucios y rasgados de aquel hombre. Ambos caminaron por el camino limpio y recto, al herido le pareció encontrar el camino al Cielo, al guerrero: el camino a otra batalla.
Sirviendo de muleta, le ayudó a andar, el esclavo estaba verdaderamente enfermo. Ese soldado cargaba su equipo de milicia, le tendió un mapa para llegar al más próximo refugio para sanar y descansar. Le dió además mucha agua y un cobertor suave, también le entregó una espada ya que estaba enmedio de una guerra. Se dejaron en un crucero, ya que tenía que continuar en la batalla, el esclavo solo dijo: -nos veremos.
Cayó la noche, el soldado encontró más heridos y gente astuta que solo deseaban el cobertor y medicinas a como diera lugar. Recordando estrategias, logró librar esos obstáculos, sabiendo que andar presto en la lucha es de vital importancia. Su mente y sus sentidos estarían atentos a la menor insignificancia de urgencia y peligro. Tendría que estar listo para tomar decisiones bajo toda presión.
El enemigo y los verdugos llenos de ira contra el valiente soldado, quien había ayudado al pobre fugitivo herido, trataron tenazmente de hacerlo caer en alguna mina para destrozar su equipo, quemarlo y desaparecerlo. Llevaba el Agua, mucha Agua, llevaba la Sanidad, cargaba un gran equipo, eminentemente poderoso.
Las sombras de la noche se aunaron al enemigo, fue entonces cuando los arqueros de su Patria, tendieron sus arcos encendidos, haciendo estruendos con las nubes, alumbrando otra vez el camino. Se oyó decir en el Cielo: -¡Tended vuestros arcos y vuestras flechas!,¡Oh, flecheros del gran Rey!, ¡Disparad con poder sus lanzas y saetas!, ¡Id, id en pos de mi soldado que ha estimado mi mandato!
Con gran estruendo la lluvia vino sobre el soldado que lleva su carga por doquier. Aún cuando las huestes enemigas le persigan, no abandonará jamás la batalla. Nadie sabe cuán herido se encuentre el amado soldado, armado de luz, batiendo su espada, hollando y salpicando sus botas con la sangre enemiga, destruyendo cuarteles oscuros y malolientes, se le oye cantar. Y cuando la noche cae, cada vez más resplandeciente, las luces en el Cielo se encienden, gritando al Universo el número de su ejército.
Betina
Jueves 3 de octubre 1991.
Chilpancingo, Gro.
martes, 17 de julio de 2012
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